A veces me devora la angustia, como un monstruo gigantesco que se ceba de mis miedos, de mis preocupaciones. Lentamente todo se amortigua, pierde fuerza, sentido, objetivo, se distorsiona y solo resuena el eco de un dolor sordo pero presente, agazapado, esperando a que me rinda y deje de luchar para atiborrarse de mi debilidad y acabar conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario