¿Y si... me he equivocado?
El pensamiento relampaguea, como un flash, entra en tromba trastabillando, tartamudo, vacilante, torpe..., pero fuerte.
No es la primera vez que lo pienso, no voy a mentir. Es mucho lo que arriesgaba y mucho lo que dejaba atrás al tomar mis decisiones; pero siempre he estado convencida de que podía merecer la pena. Hasta hoy. Hoy la balanza se ha inclinado no hacia la soledad - eso habría sido infinitamente mejor - sino hacia el arrepentimiento.
Y ahí está esa idea tan tosca, mirándome desafiante, mientras yo me empeño en mirar hacia cualquier parte menos a ella. Otra vez no. Otro fracaso, no. Tiene ese peso certero de las epifanías que no se pueden ignorar.
Y yo me empeño, obcecada, infantil, turbada, en dirigir mi expresión enfurruñada a otro lugar. El que sea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario