Volví a verte anoche... En mis sueños, claro. Charlamos durante horas sin parar, paseamos agarrados del brazo y nos adentramos en el mar para jugar con las olas. Saltamos sobre ellas y nos dejamos arrollar. Chisporroteé de felicidad mientras algo se moría dentro de mí por los sacrificios que conllevaba estar ahí en ese momento. Inquietud, miedo, pena, alivio y amor: todo ello en un cóctel mortífero que me arrastró como la creciente marejada hasta que sentí que ya no podía salir del mar.
Que me ahogaba.
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